jueves, 29 de noviembre de 2007

El maletín (1)

Maletero


Los nudillos aún me duelen a mejillas sonrosadas. Demasiados años llevando la compañera de juegos bajo el abrigo pasan factura; se pierden los reflejos, se acentúa la confianza y se acaba con un bulto del tamaño de un puño en el centro de la cara.

Pero he acabado con él.

Lo observo un rato, inmóvil, como si durmiera una siesta placentera. Todo lo placentero que se puede dormir metido en el maletero de un coche con un agujero enorme entre ceja y ceja. Mierda, hace años podría haber acabado con él tan solo con mis manos, pero ahora lo único que puedo hacer con ellas es quejarme cuando las cierro y el frío cala en sus huesos. La edad pasa factura con todos, incluso con los que parece que hayamos vendido el alma al diablo.

Me enciendo un pitillo dedicado a su familia, que aunque nunca conozca, no tiene la culpa de haberse cruzado en mi camino. De todas maneras estaba haciendo su trabajo, uno sucio, de eso no hay duda, pero en el fondo un trabajo. Y que carajo sé yo si debe alimentar bocas hambrientas de hijos, mujeres u orondas prostitutas. ¿Cómo sé yo que comparte su vida con mujeres y no con hombres? Me hago viejo y los remordimientos no se van tan fácilmente como cuando eres joven y no tienes nada que perder. Ya he perdido demasiado, aunque nunca lo suficiente que en realidad merecería.

Hoy se acaba todo. Nada más me importa que dejar ese maletín en el lugar de donde nunca debió salir. Apago el cigarro en el suelo y comprueba que mi compañera de juegos sigue bajo mi gabardina, cerca del corazón, como la he tenido siempre. Ahora le falta una bala, pero con cinco bastarán para terminar lo que lleva tanto tiempo empezado.

El párking del motel está frío por la noche. Frío que cala en los huesos, esos de la mano que tanto me duelen al cerrar el maletero con fuerza. Maletero y maletín, dos palabras que suenan tan parecidas... Sé que no es casualidad.

Nunca lo es.

martes, 27 de noviembre de 2007

Arrancamos

Porque soy así de chulo y porque yo lo valgo.

Por eso me he creado este blog. ¿Que no hacía falta? Eso ya lo sé yo, no hace falta que me lo vengan a decir. Nadie está obligado a leerlo, pero yo sí a escribirlo. Lo necesito para entrenarme, para creer que puedo aportar algo. Lo necesito para ser quien quiero ser.

Desde aquí, arrancamos. Sean bienvenidos y lean lo que quieran, para bien o para mal. Yo intentaré hacerlo lo mejor que pueda, lo juro.

Y no se olviden de saludar a la mascota del blog, el amigo desdentado de Desesperado, que tuvo su momento estelar junto a Tarantino para, minutos después, ser agujereado por Cheech Marin. Eso, amigos míos, es morir con estilo.





Un saludo.